España
 
9 febrero 2018

5 beneficios de los disfraces de carnaval para los niños

Ahora que llega el carnaval muchos profesores piden a sus alumnos que vengan disfrazados al cole. Los niños hacen comparsas, murgas y pasacalles, se celebran fiestas, los hay que trabajan el disfraz a través de cuentos, historias o materias de clase o que se enmarcan en proyectos educativos, hay días temáticos… y, a la vez, hay padres que se preguntan si esta práctica realmente es capaz de reportarles algún tipo de beneficio, o si por el contrario les puede generar problemas. A fin de cuentas, estamos haciendo que un niño cambie no solo su ropa, sino también su personalidad y su forma de comportarse durante unas horas, o incluso más. A continuación vemos cinco importantes beneficios de los disfraces de carnaval para los niños (y, en realidad, no solo para ellos).

1. Los disfraces desarrollan la empatía
Convertirse durante un ratito en otra persona, ya sea un súper héroe, un villano, un animal o un ser mágico, hace que el niño se ponga en el lugar de ese otro ser. Los niños tienen una enorme capacidad de imaginación, y en seguida sus creativas mentes empiezan a pensar y a sentir de la forma en la que lo hace ese otro en el que se han convertido. Nada estimula más la empatía, es decir, la capacidad de sentirse identificado con alguien y compartir sus sentimientos, que creer ser realmente esa otra persona, aunque sea por un breve espacio de tiempo. Aunque también se les olvida rápido, esa capacidad empática ya ha dejado su huella.

2. Ayudan a superar la vergüenza y a socializar
Los niños también sienten vergüenza, y poder llevar una máscara o ser alguien distinto durante un día o dos puede sacar en ellos cualidades que normalmente no poseen. Si los adultos, con un disfraz, somos capaces de decir cosas que de diario no nos es posible, podemos imaginar fácilmente cuánto puede ayudar a hacer lo mismo a un niño. En un sentido estrictamente social, un lugar y un ambiente en el que todos están disfrazados hace más fácil superar los miedos y antipatías y generar una sensación de grupo.

3. Estimula la creatividad
Un disfraz no es solo la ropa que se lleva, es también todo el proceso que acompaña la elección de la misma, o su elaboración: el maquillaje, los complementos, sombreros, cinturones, los coloretes, zapatos… incluso la forma de andar, de hablar o de comportarse o la propia historia del personaje que se está representando. Son muchos los elementos que componen un disfraz más allá del disfraz en sí mismo. No se trata de convertir a los niños en actores o diseñadores de moda, pero sí en crear un universo propio lleno de fantasía. Además, podemos elegir un disfraz basado en un cuento infantil, estimularles a leerlo con nosotros y a realizar un sinfín de actividades paralelas.

4. ¡Los disfraces son divertidos!
A veces nos olvidamos de este punto, ¡pero los disfraces son muy divertidos! Nos hacen reír, soñar y jugar, nos hacen partícipes de alegría y diversión, suelen venir acompañados de momentos de ocio en familia o con los amigos… ¿realmente hay que decir algo más?

5.  Pero además, les ayudan a expresarse
Solemos identificar el disfraz con fiestas o juegos. Sin embargo, los disfraces se utilizan a menudo en distintos tipos de terapias. Cuando hay algún bloqueo emocional o una dificultad para comunicar una idea o sentimiento, nada mejor que realizar un cambio de rol para que salga esa parte oculta o difícil. A un nivel más sencillo, pueden servir igualmente en el ámbito familiar o escolar para ayudar a los niños a expresar emociones de forma más natural, sin el peso y la carga de filtros sociales y educacionales a los que están sometidos habitualmente.

Imagen: guiainfantil.com